“Perdimos todo”: el dramático relato del exfutbolista argentino Gastón Firpo tras sobrevivir a un trágico accidente vial en Ecuador

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Sobrevivir y comenzar de nuevo. Esa es la historia del exfutbolista argentino Gastón Firpo y su pareja Jazmín Repetto, quienes el pasado 15 de abril viajaban en un micro de la Cooperativa San Luis que cayó por un barranco y se incendió cerca de Cuenca, Ecuador.

“Perdimos todo”: el dramático relato del exfutbolista argentino Gastón Firpo tras sobrevivir a un trágico accidente vial en Ecuador

Firpo, de 40 años, con pasado en clubes como Midland, San Martín de Burzaco, Claypole y Argentino de Quilmes, entre otros, se dirigía a Guayaquil junto a Jazmín en lo que era un viaje más, con mochilas al hombro y la ilusión de seguir recorriendo el país, como han hecho en los últimos años.

Sin embargo, todo cambió en cuestión de segundos. El micro se salió del camino, cayó por un abismo y se incendió. La desesperación del momento hace que, a casi dos semanas del accidente, todavía no recuerden con claridad cómo lograron sobrevivir. Ya en casa, la pareja relata las horas más difíciles de sus vidas en diálogo con Clarín.

Según cuentan, la idea de viajar como mochileros no fue un impulso aislado, sino parte de una búsqueda más profunda para disminuir el ritmo de vida, conocer otras realidades y conectar con lo simple. Atravesaban días intensos pero gratificantes, sorprendidos por los paisajes y, sobre todo, por la calidez de la gente que encontraban en el camino.

“Empezamos a viajar por el mundo en 2022. Lo más lindo de ese estilo de vida es la libertad de manejar distintos tiempos, alejarnos de la vida estructurada y la rutina. Nos apasiona conocer diferentes culturas y comprobar que no somos tan distintos; tenemos muchas cosas en común entre todos los países. Eso es lo que más nos gusta y nos hace felices”, comentaron ambos.

“Los días en Ecuador fueron de puro turismo. Gastón y yo somos guardavidas, terminamos nuestra temporada el 20 de marzo y la idea era pasar abril en Ecuador. Es nuestra cuarta vez aquí, amamos el país. Luego íbamos a trabajar en Máncora, Perú, durante mayo, junio y julio. Con este accidente, ese plan se cancela porque debemos regresar a Argentina para hacernos estudios médicos”, agregó Jazmín.

El momento exacto del accidente permanece fragmentado en su memoria. “Era un viaje corto, de aproximadamente tres horas y media. Apenas nos subimos al micro nos pusimos a dormir. Me desperté dos veces porque sentía que el conductor manejaba a mucha velocidad y los giros eran muy bruscos. Cada vez que abría los ojos veía un camino montañoso, con precipicios y mucha neblina”, relató la joven.

Gastón no recuerda nada, pues estaba dormido. Sin embargo, Jazmín tiene grabados los gritos de las personas durante la caída. Ambos recuerdan todo a partir de la llegada de la asistencia y el traslado posterior. “No recordamos la caída al río ni la subida posterior. Vimos videos donde ayudamos a sacar personas y no lo recordamos; no sabemos si fue por la adrenalina o el impacto”, agregó Jazmín.

“Esto nos va a marcar para toda la vida. Lo tomamos como que somos sobrevivientes de una tragedia y tenemos muchas ganas de estar junto a nuestras familias. Sabemos que eso nos dará un impulso anímico para seguir, porque aún nos duele el cuerpo. Necesitamos el abrazo de la familia, los padres y los amigos para sobrellevarlo de otra manera”, manifestó Gastón.

Ya fuera del micro, la dimensión de lo ocurrido se hizo evidente. Por un lado, el alivio de estar vivos; por otro, el impacto emocional de haber estado al borde de una tragedia mayor. Con el tiempo, reconocen que recién entonces comenzaron a comprender la magnitud de lo que habían vivido.

“A veces, estando lejos de casa, en otro país, uno se siente vulnerable. A ‘Gasti’ le dieron doce puntos en el parietal izquierdo y lo trasladaron antes que a mí porque tenía la presión baja y se le veía el hueso de la cabeza. A mí me cosieron diez puntos en el cachete y seis en la pera, pero lo que más me dolió fue quebrarme la raíz de la paleta”, contó Jazmín.

En ese contexto, la ayuda fue fundamental. Las primeras asistencias llegaron de personas del lugar y otros sobrevivientes. Más tarde, se sumaron intervenciones de autoridades y contactos que se activaron a la distancia. Ese acompañamiento fue determinante en lo emocional, y entre los gestos que más los marcaron destacaron la solidaridad espontánea de quienes se acercaron sin conocerlos.

Durante la espera de la asistencia médica, Jazmín observó escenas impactantes: “Vi personas calcinadas, niños heridos, personas con múltiples fracturas, y esas imágenes me causan escalofríos, aunque también sentimos que la vida nos dio una oportunidad”.

El accidente implicó la pérdida total de sus pertenencias. Documentos, dinero y objetos personales quedaron en el micro y fueron consumidos por las llamas. Sus teléfonos se dañaron en la caída. Aunque el accidente ocurrió a una hora de Guayaquil, la pareja fue trasladada al Hospital Vicente Corral Moscoso, en la ciudad de Cuenca.

Desde entonces, el día a día se convirtió en una reconstrucción constante. Descartar lesiones graves, conseguir medios de comunicación, resolver lo básico y restablecer vínculos fueron los primeros pasos para recuperar cierta estabilidad.

“Cerca de las 20:00 horas, una enfermera nos prestó el celular para avisar a nuestra familia que, a pesar de lo ocurrido, estábamos bien. Días después hablé con mi mamá y me confesó que, estando en su casa, había tenido la sensación